Aceptación: Un paso hacia el estar presentes

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Observando nuestra mente

Centrar nuestra atención en el momento presente es importante para fluir en armonía con la vida. Sin embargo, nuestras mentes muy rápidamente tienden a distraerse. Pruebe esto: Durante un minuto completo siéntese cómodamente y observe el segundero de un reloj, moviéndose segundo a segundo hasta el minuto siguiente. Mantenga su atención en cada segundo. Observe su mente. La mayoría de nosotros notaremos que nuestras mentes abandonan rápidamente esta sencilla tarea. Por ejemplo, algunos de nosotros notaremos que empezamos a recordar algo que pasó el día de hoy o hace unos días, o que algo que nos rodea inicia una serie de pensamientos sin relación con este momento. Posiblemente notaremos también nuestra tendencia a planificar actividades para los próximos minutos, el resto del día o de la semana. Nuestra mente, está haciendo su trabajo, es decir, la mente está procesando la información que recibe de los sentidos.

Procesando información

Procesamos información estableciendo conexiones entre lo que percibimos y algo que ya sabemos. En otras palabras, nuestra mente utiliza las ideas, sensaciones, emociones y sentimientos almacenados en nuestra memoria como un marco de referencia que nos ayuda a entender, navegar y almacenar la experiencia en la que estamos participando. Usar la información previamente almacenada es una tarea importante. Sin embargo, a veces tendemos a cambiar nuestra memoria (enlace en inglés ), o crear recuerdos por varias razones, como hacer que nuestras decisiones parezcan mejores (enlace en inglés ) o para cubrir trauma o para evitar enfrentar recuerdos incómodas (enlace en inglés ). En otras palabras, nuestros recuerdos tal vez no reflejan fielmente nuestros actos, pero esto no nos impide darle un valor específico a estos recuerdos como una medida para determinar cuando algo es bueno, malo, excelente o terrible. Aquí surge un reto.

El reto

Marshall McLuhan dijo, “Cuando nos enfrentamos a una situación totalmente nueva, tendemos a aferrarnos a los objetos, al sabor del pasado más reciente. Miramos el presente a través de un espejo retrovisor. Marchamos de espaldas al futuro.” Una manera de interpretar esta idea es que nosotros usamos nuestra memoria para descifrar y comprender nuevas experiencias. Por consiguiente, nuestros recuerdos influyen en nuestra manera de participar en situaciones nuevas. Por ejemplo, al entrar en un nuevo momento, buscamos similitudes entre este momento y nuestra experiencia pasadas. Al comparar este momento con nuestros recuerdos, independiente de la fidelidad de nuestros recuerdos, atribuimos un valor a cada experiencia y decidimos cual es la experiencia más positiva o valiosa. Este proceso se ciertamente importante, ya que nos puede ayudar a aprender de nuestras acciones anteriores. Sin embargo, como vimos anteriormente, nuestras mentes tienden a moldear y cambiar los recuerdos por varias razones. Por lo tanto, nuestra memoria puede no ser muy precisa.

El reto surge cuando permitimos que nuestra memoria se convierta en un modelo de “la manera en que las cosas deben ser”. Una vez pensamos que sabemos como deben ser las cosas es más difícil mantener nuestra atención en el momento presente pues continuamente estamos comparando la experiencia actual con otro tiempo y lugar, reales o imaginados. Cada vez que comparamos nuestra experiencia nos movemos fuera de lo que es y hacia lo que creemos que debería ser o que pudo haber sido. A menudo, el resultado es que entramos en conflicto con el momento presente. No es raro que rechacemos este momento porque la experiencia no es exactamente lo que recordamos, lo que esperábamos o lo que imaginábamos.

Cuando observamos nuestros pensamientos, acciones y reacciones, podemos darnos cuenta de la reacción de nuestra mente y así vemos si nuestra mente este juzgando, rechazando o aceptando esta experiencia. Por ejemplo, a menudo cuando practicamos asanas, algún tipo especial de respiración, o una meditación, empezamos la práctica con una idea preconcebida sobre las sensaciones y resultados que resultarán, incluso cuando la técnica que estamos explorando es totalmente nueva para nosotros. Con frecuencia, si el resultado no responde a nuestras expectativas, nos criticamos a nosotros mismos o inmediatamente denigramos la técnica o nuestra experiencia. Cuando empezamos a notar este patrón de pensamiento estamos tomando los primeros pasos para sobreponernos a este desafío.

Observación

Nuestra práctica de Yoga nos proporciona numerosas técnicas para fortalecer la mente de modo que podamos observar lo que estamos haciendo. Sin embargo, con frecuencia pasamos por alto el papel de la mente en la práctica de yoga. En nuestra práctica de Yoga necesitamos mantener nuestra mente activa y enfocada en el presente, observando de nuestras circunstancias, observando también nuestras acciones y nuestros pensamientos. En nuestra práctica de yoga, ya sea en movimientos (asana), al hacer ejercicios de respiración (pranayama), al practicar técnicas de concentración (dharana), en los cantos (japa) y durante nuestra meditación (dhyana), observamos y permanecemos conscientemente presentes, haciendo lo que estamos haciendo. Centrando nuestra atención en nuestra respiración es una sencilla y muy eficaz manera de estar presentes. Como resultado, podemos observar cómo es el momento, y en lugar de reaccionar juzgando y criticando, podemos optar por aceptar la experiencia como lo es. Es útil reconocer que nuestras circunstancias actuales son el resultado de innumerables factores, la mayoría de ellos fuera de nuestro control. Cuando rehusamos aceptar este momento es difícil que podamos entender con mente clara lo que está sucediendo y lo que podemos aprender de esta experiencia. Una vez que aceptamos y entendemos que este momento es precisamente como debe ser podemos sumergirnos en la experiencia, guiados por nuestra respiración. Esto es vital a fin de tomar las acciones apropiadas, aquí y ahora, que nos permitan honrar a nuestra esencia plenamente para poder allí avanzar hacia una expresión más clara y veraz de nosotros mismos.

La aceptación del momento presente nos ayuda a permanecer abiertos y a aprender a través del reconocimiento de que cada momento es único, aun cuando la actividad parezca familiar o muy similar a algo que está almacenado en nuestra memoria. Como resultado, podemos fluir en armonía con la vida, haciendo lo mejor que podemos, ni más ni menos.

¡Namaste!

 

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